viernes, 24 de febrero de 2012

Teenage dream, capítulo 3.

Unos hombres de pelo largo y vestidos de negro comienzan a acomodar los instrumentos sobre el pequeño escenario del bar, y a Belén la podía ver cada vez más cerca y suelta con el actor. Cuatro chicos bien vestidos prueban el sonido, parecían ser los de la primera banda que tocaría. Pude confirmarlo cuando un rubio alto con una guitarra colgada del hombro se acercó al micrófono y se presentó con un ‘’Hola chicos, nosotros somos McFly y espero que la pasen muy bien hoy!’’. Simpático y conciso. Empezaron tocando una canción que hablaba de una rara chica con cinco colores en su pelo, tatuajes bajo su ropa interior y popular ya que todos querían saber su nombre. Me sentía un poco identificada con esa canción, ya que en mi entorno natal se me conocía por tener cuatro tatuajes antes de cumplir la mayoría de edad y por tener el pelo con las puntas teñidas de un color azulado. Pero nadie sabía mi nombre, nunca se lo acordaban.
La mujer que estaba sentada delante mío y me tapaba la visión de uno de los integrantes de la banda se paró y fue para la barra, dejándome ver a un chico con su cabellera rubia toda revuelta y sujeta con una vincha rosada, de baja estatura, un tatuaje que cubría todo su brazo y que se movía tocando el bajo de una manera muy… exagerada. Algo me atrajo de él, era raro. Pero siempre me habían gustado los chicos raros, esa cualidad los hacía más lindos de lo que los veía yo. Y éste era uno de ellos.
 Tocan unas cinco canciones más y el otro cantante de sonrisa aparatosa agradece y se despide del público. Se van detrás del escenario y yo aprovecho para levantarme e ir a la barra por un trago, y para ver en qué andaba mi amiga. Me siento en la banqueta de la barra, observando la espalda de Robert y a Belén que estaban a unas cuatro banquetas de distancia, ella me aclara con una sonrisa tímida de que todo está en órden, prefiero no molestarla y saco mi celular para escribirle a una amiga de Argentina un mensaje contándole la situación. Siento una presencia cerca  y escucho una voz desconocida.
- Me gusta tu tatuaje –dice señalándome la cruz que tenía tatuada en mi costilla, que se podía visualizar por las mangas de la musculosa, levanto la cara, y ¡era el chico raro de la banda!.
- ¡A mi me gusta mucho el tuyo! Es muy… excéntrico.- no sabía que contestarle de los nervios que tenía- me llamo Bianca- le digo con una sonrisa y entregándole la mano para hacer un choque varonil de manos.
- Perdón, no me presenté, soy Dougie –me dice y agarrá mi mano con el fin de darme un beso en ella, y luego me sonríe –sos muy linda- me sonrojé.
-Ay, gracias, m..me da vergüencita, ¿vos sos el chico de la banda que tocó recién no?- me animé a preguntarle.
-El mismo, me estuviste mirando picarona eh –me dice apretándome un cachete, y yo podía sentir como toda la sangre subía a ellos- te invito unas cervezas, ¿te parece?.
-Bueno- no me quedaba otra que aceptar, no sabía como decirle que no a esos tremendos ojos celestes, yo no tomaba alcohol y no me gustaba para nada la cerveza, pero en fin, acepté.
Tragando la bebida a la fuerza, me solté más y pudimos entablar una conversación, de la que preferímos dirigirnos a la mesa que anteriormente me habían asignado, hablamos de todo, sobre nuestros gustos de música, sobre la banda, sobre mi decisión de haber viajado a Inglaterra, de mi vida en Argentina, de todo. Intercambiamos números telefónicos para volver a salir a tomar algo cuando quisiésemos. Hasta él se animó a contarme que hacía casi un año había salido de rehabilitación tras la ruptura e infidelidad con su novia, una cantante inglesa. Que había estado muy deprimido, que no podía superarlo y que eso había traído unos problemas aún peores a su vida, por eso, decidió internarse por unas semanas. Y logró olvidarse de ella, pudo superarlo, pero que me contaba que tiene miedo de no poder volver a confiar en el amor. Tiene miedo de volver a enamorarse y que pase por otra situación igual. Mientras me contaba todo esto, yo lo miraba con atención y me atreví a agarrarle la mano para acariciarlo y ‘’consolarlo’’. Justo llega un chico alto, de brazos y espalda musculosa que agarra del hombro a Dougie, haciendo que pegue un salto y que yo saque automáticamente mi mano de la suya.
- Hola! –me saluda el desconocido morochón- mi nombre es Harry –me informa y yo lo saludo con un timido ‘’Hola’’- Doug, nosotros ya nos vamos, ¿te quedás con tu amiga?- le pregunta a su amigo.
- Si chicos, vayan, nosotros nos quedamos un ratito más –le contesta.
- Dougie, si querés andá, no te preocupes por esta desconocida que recién conocés eh –le digo mirándolo a los ojos.
- Nah, me quedo, vayan –me dice y le habla a su amigo que le susurra algo en voz ultra baja, y el rubio tiende a largar una sonrisita tímida y vuelve a girar la cara mirándome.
Apenas un vaso había tomado de la cerveza y media botella de Vodka que me invitó él, pero como no me gustaba y no estaba acostumbrada a tomar tanto de golpe, estaba empezando a sentir las consecuencias. Estaba hablando demasiado, veía un poco borroso y literalmente no me podía parar sin marearme. En eso llega mi amiga con el pretendiente.
-Parece que alguien le estuvo dando al trago loco –le dice a Robert mientras ríen de mi estado alcohólico- ¿qué tomaste amiga? Me parece que ya es hora de volver a casa –ella estaba muy lúcida.
- ¿Quieren que las acompañe? Tengo el auto en el garaje de la esquina –dice Dougie.
- No hace falta creo, estamos a tres cuadras de casa –dice agarrando mi cartera y ayudándome a ponerme el saco mientras yo hacía que me peinaba.
- No, mejor llevalas en el auto, mira en el estado en el que está – dice Robert y Belén larga una carcajada cuando se da cuenta de que me había puesto el saco al revés- de paso me podés alcanzar hasta la otra cuadra, en el hotel –le dice Dougie, que acepta mientras saca las llaves de su auto del bolsillo de la campera.
Salimos del bar, Dougie y Belén me llevaban de un costado cada uno. Yo tenía los brazos alrededor de sus cuellos, y levantaba los pies del suelo porque decía que no tenía ganas de caminar. Patética imagen. Llegamos al garaje en donde estaba un imponente Audi q7 color blanco, Belén me sostiene mientras Doug abre la puerta de acompañantes y entre los dos me sientan ahí, el rubio me pone el cinturón de seguridad dejándome caer el bretel del corpiño.
-¿Eh que tocá’ lindo?- le digo inconscientemente y con una voz de colectivero,
- Perdón, fue sin querer – me dice tímidamente corriéndome el pelo de la cara.
Suben Robert y Belén en los asientos de atrás, y él se sienta a mi lado para conducir. Mientras los pasajeros de atrás iban hablando entre ellos, pasándose números de celular , sacándose fotos con caras raras y arreglando salidas  para los siguientes días, yo me había puesto a cantar desafinadamente unas canciones que pasaban en la radio, sin saber la letra. Dougie se une a mi idea, cantamos unas dos, tres canciones, cuando Robert nos interrumpe señalando el hotel en donde se hospedaba.
-Acá está bien amigo, gracias eh! –le dice golpeándolo en el hombro a Doug –y a vos te quiero ver pronto –le susurra a mi amiga y le dá un beso en la comisura de los labios.
Volviendo a casa, yo seguía cantando enloquecidamente mientras Belén le daba las indicaciones a Dougie siguiendo el mapa que le había dicho Alice. Después de unas cuantas volteretas y risas pudimos llegar. Belén agradece lo que él hizo y abre la puerta del auto para poder bajar. Yo sentía como si un imán me llevara a la boca de Dougie. Iba y venía, iba y venía. Hasta que me saluda y yo me abalanzo sobre él pudiendo no contener a mi imán imaginario, con la boca exageradamente abierta mientras mi lengua hacía un circuito lavarropas. Él, pobre, me tuvo que seguir la línea. Belén sale inmediatamente del auto y abre mi puerta, sacándome de un brazo. Saludo a Dougie copiándole el guión a Robert, ‘’te quiero ver pronto’’. A lo que chico me respondió con un ‘’Yo también, linda’’.

jueves, 23 de febrero de 2012

Teenage dream, capítulo 2.

Alice abre esa puerta de roble y nos hace pasar primero dejándonos ver una hermosísima casa ya equipada con muebles y electrodomésticos, porque así la habíamos alquilado. Lo primero que hicimos fue recorrerla y después sentarnos a cerrar el trato en la mesita de vidrio con cuatro sillas. En la planta baja se encontraba el lavadero, la cocina, un living con unos sillones de cuero color natural, una mesita ratona y un televisor plasma. Tenía una escalera de madera que te conducía al segundo piso, en donde se encontraban dos habitaciones con camas matrimoniales, una habitación más que cumplía la función de cuarto de huéspedes y el baño. Precioso.
-Bueno chicas, tomen la llave – Alice entrega la llave a Belén mientras yo terminaba de firmar unas últimas hojas- que tengan mucha suerte y cualquier cosa me llaman.
-Muchísimas gracias Alice, estamos muy contentas –digo dándole las hojas con la lapicera.
-Ok, me voy a ir yendo que tengo que ir al aeropuerto a buscar a otras chicas de Bélgica, nos vemos! –me dice mientras que Belén la acompañaba a la puerta,
Ni bien pisa el exterior, agarro mi celular y le mando un mensaje a mi madre avisándole de la nueva adquisición, le cuento los detalles eufóricamente mientras ella estaba igual de feliz que yo y me pasaba para que hable con toda la familia. Mi amiga volvía a recorrer cada sector de la casa para familiarizarse con el entorno mientras iba escribiendo mensajes en su celular para ser enviados a Buenos Aires.
-Bueno, ¿qué vamos a comer? No compramos nada ni le preguntamos a Alice sobre los negocios de acá, llamala- le digo a Belén mientras nos sentábamos a tomar el mate que había llevado desde mi país natal. Mi amiga se comunica con la martillera mientras anota y grafica una especie de mapa en los pañuelitos descartables que encontré en mi cartera. Yo aproveché para cargar la batería de la notebook y twittear desde el celular: ‘La casa es hermosa, pero tenemos hambre y no sabemos ni donde estamos paradas! :B’.  Podía ver un ‘vía Blackberry desde Londres’ debajo de mi tweet. Empezaron a caerme notificaciones preguntándome acerca de todo lo que pasaba en el nuevo país. Veo que Belén termina de hablar con Alice, agarra una campera y las llaves y me dice que ya tiene un mapita en donde está el supermercado más cercano. Abre la puerta y una ventizca llena de hojas secas el hall de la casa. Agarro mi saco y mi gorro frigio y salimos en busca de comida. En el camino, mientras luchábamos contra el viento otoñal pudimos ver una especie de bar o boliche con un cartel que indicaba que esa misma noche sería inaugurado. Nos miramos con Belén y largamos al unísono un: ’’¡Esta noche venimos!’’
Luego de casi una hora y media de caminar en busca de comida, pudimos ubicarnos en el supermercado ‘’Miracle’’, sí, un milagro era llegar vivas con el estómago vacío a ese sitio. Vimos que en los primeros estantes de las góndolas vendían hamburguesas recién preparadas, nos abalanzamos sobre ellas, compramos dos Coca Cola chiquitas y pagamos. Ni bien pisamos la vereda empezamos a desenvolver los paquetes y a pegar los mordiscones como si no hubiéramos comido desde la extinción de los dinosaurios.
Ya con el corazón contento y la panza llena, regresamos a casa y pasamos otra vez por la puerta del bar, esta vez prestando más atención al cartel fluorescente que hacía notar a las distintas bandas que estarían tocando unas canciones, y la hora de ingreso, nueve de la noche. Faltaban solo tres horas y todavía no habíamos ni ordenado la ropa de las valijas. Apuramos el paso y corrimos a nuestras diferentes habitaciones a sacar las cosas y ordenarlas en el placard. Mientras acomodaba la ropa, iba probándome los diferentes vestidos y shorts que tenía y elegía uno para esa noche. Suponía que Belén hacía lo mismo, porque se escuchaba que puteaba porque no encontraba un zapato.
Finalmente, ordené toda la ropa en el placard y encontré algo para esa noche. Se lo muestro a Belén para ver qué opina mientras ella hace lo mismo, y luego corrí al baño a bañarme antes de que entre ella. Me envuelvo en el toallón y salgo para mi habitación, encerrándome para cambiarme mientras oía que inmediatamente Belén abría la canilla de la ducha. Agarro unas medias de nylon y me las pongo delicadamente para no romperlas con mis largas uñas, acto seguido, me pongo el short de jean y la musculosa color natural me la meto dentro del short tiro alto. Me pongo los borcegos y comienzo a secarme el pelo, parecía ser una noche fría. {http://tinyurl.com/7rc7cut}
Belén en cambio, ya salía vestida del baño {http://tinyurl.com/78mnu2x}, había elegido algo más abrigado que yo. Pero a mí siempre me gusto sobrepasar los límites, desde chiquita. Nos maquillamos solo un poco, yo había elegido ponerme un poco de sombra negra y mucho rímel, los labios preferí dejarlos sin pintar, nunca me habían agradado los labiales. Belén se pintó de un color salmón los ojos, un poco de rímel, base y un ligero brillo en los labios. Agarramos nuestros abrigos, las carteras y empezamos a caminar las tres cuadras a donde quedaba el bar.
Pudimos ver unos flashes y varios autos estacionados, seguro que debe haber algún famoso en la inauguración, yo por suerte había llevado mi cámara de fotos. Nos gustaba ser cholulas.
Un patovica alto, de tez morena y muy morrudo nos pide nuestro documento para comprobar de que éramos mayores de dieciocho años. Observa nuestra nacionalidad, nos mira y nos dice ‘Come on argentinian girls’, pasamos y nos sentamos en una mesita ubicada al fondo, pero donde se podía ver bien el escenario preparado con instrumentos para alguna bandita local que tocaría allí. Con mi amiga empezamos a ver unos flashes dentro del lugar y dirigimos nuestra mirada allí, un hombre alto, con anteojos, de piel muy blanca y un batido pelo color castaño rojizo se sentó en una mesa adelante nuestra. Los hombres de seguridad sacan a los paparazzis del bar dejándolos en la calle. Su cara me parecía familiar.
- Che, este chabón me parece conocido pero no tengo idea quién es.
- Si no me confundo creo que es el actor de Crepúsculo. ¡En persona es mucho más lindo que en las películas! ¡Me quiero sacar una foto con él ya! –me dice exaltada y parándose para ir a tomarse la foto.
- Ok, hablale vos, me da vergüenza –le digo mientras dejo la cartera en la silla y tomo mi cámara de fotos.
Fuimos hasta su mesa, en donde se encontraba solo, y Belén se animo a tocarle la espalda cuidadosamente.
- ¡Hola!. Em… puedo foto.. em… ¿puedo sacarme una foto con vos? –preguntó casi temblando mi amiga.
- Claro que sí. –la abraza tomándola de un costado de su brazo y apoyando su cara contra la cabeza de Bell, sonríen para la foto- tu acento no parece ser de aquí. ¿De dónde venís? –le preguntó a ella mientras yo iba a sentarme a nuestra mesa y los dejaba hablando solos.
- Somos…em, soy de Argentina. Perdón, estoy muy nerviosa –le dijo mientras largaba una risita tímida- ¿Sabés que banda local tocará hoy? –le pregunta cambiando de tema radicalmente.
- Según lo que me dijeron hoy tocan The Subways y McFly. Me gusta su música. Escucha, te invito un trago para que se te pasen los nervios –le dice a la rubia y ella levanta su cabeza y asiente.
- Ok, te lo acepto, pero espera que le aviso a mi amiga.
Viene para mi mesa, deja la cartera y me dice algo en voz ultra baja.
- Me invitó a tomar algo, me voy para la barra, si no ves que vuelvo antes de que toquen las bandas vení a rescatarme- dice y da una media vuelta mientras que el actor la agarra de un hombro y yo me quedo sentada sola, en la mesa, esperando a que toquen los músicos.

Teenage dream, capítulo 1.

Hace un tiempo largo que vengo planeando esto, aproximadamente desde mis trece años donde empecé a interesarme en la cultura inglesa, sabía todo de allí, a mis padres ya les había comentado sobre que quería tener la mayoría de edad para irme a vivir a Londres, pero nunca me imaginé que podría llegar a hacerlo real, sólo pensaba que era un deseo de mi cabeza, una fantasía, nunca llegaría a imaginar que dejarían que su única hija se fuera a unos 11.087 kilómetros separados de ellos. Pero ellos siempre usaron la frase ‘si te hace feliz, hacelo’. Creo que por eso siempre fui media ‘rebelde’ y ‘malcriada’: tuve mi primer piercing a los trece y el tatuaje a los catorce, también con la forma de vestirme era rara ya que nunca me verías vestida como una chica de Buenos Aires que sale a bailar, yo siempre estaba vestida como se vestían las adolescentes inglesas, era diferente y me gustaba. Tengo un pequeño grupo de mejores amigas, con las que estamos unidas desde la escuela primaria, las cinco tenemos personalidades muy distintas, yo por ejemplo, soy la más tímida del grupo pero si hay algo en común que tengo con una de ellas, es un sueño, con Belén queremos conocer Londres. Pero ese sueño, estaba por dejar de serlo para ser una realidad. Las dos ya cumplimos 18 años y mañana viajamos a Inglaterra a concretar eso tan anhelado.
-¿Estás nerviosa? – me preguntó mi amiga mientras me ayudaba a hacer las valijas.
- No sé si nerviosa, estoy ansiosa, y te voy a extrañar mucho – le digo a Carla mientras se me llenan los ojos de lágrimas y ella tiende a darme un abrazo.
- Nos vamos a mantener comunicadas, vas a mandarme muchas fotos de ustedes dos y vas a mantenerme al tanto de las noticias, así no nos extrañamos tanto –dice consolándome con una sonrisa.
- Bueno, vos hacé lo mismo, igual voy a tratar de conectarme todos los días al Skype –le dije mientras cerraba el cierre de la última valija.
- ¿A qué hora sale el avión? –dice agarrando el pasaje que estaba clavado en el corcho de mi pieza – dos de la mañana, faltan cinco horas amiga, ¡qué emoción! – dice alegrándose por mí.
-Sí, ¿nos vas a acompañar al aeropuerto a despedirnos? –dije agarrando el celular para mandarle un mensaje a Belén.
- Obvio, voy a estar acá una hora antes de que salgan para Ezeiza –me dice y redirecciona su mirada a mi celular que sonaba tirado en la cama.
Era un mensaje de Belén que decía ‘ya encargué el remis para mañana. Doce y media nos pasa a buscar, estoy nerviosa’. Se me había puesto la piel de gallina, faltaban solo horas para poder subirnos a un avión y dirigirnos a un sueño. Me desplomé en la cama, mientras Carla salía al patio a hablar con su novio por teléfono para que la lleve mañana a despedirnos, me puse a pensar todo lo que había vivido en Buenos Aires mientras las lagrimas caían sobre mis mejillas.
-¡Bianca! ¡Bianca!, despertate que está por venir el remis –me gritaba mi mamá ya que me había quedado dormida, no había mejor despertador que ella prendiéndome la luz y llamándome con palmaditas en las piernas.
-Eh? –dije entredormida con la luz que apuntaba a mi cabeza- ¿ya son las doce?- pregunté.
-Sí, te quedaste dormida, se ve que estabas cansada, y no quise despertarte –me dice mientras acomoda el saco que iba a llevarme al avión.
-Uh, bueno, me voy a lavar la cara –dije mientras me levantaba y sonaba el timbre que avisaba que había llegado Belén- che mami, te amo –le dije antes de que se vaya a atender la puerta y me sonrió diciéndome que ella también.
Una y cuarenta de la madrugada, estábamos en el Aeropuerto de Ezeiza esperando que en veinte minutos llegue el avión, me comía las uñas, mi papá y Belén se dormían sentados, mi mamá miraba la vidriera del FreeShop y Carla con su novio hablaban en secreto, me sentía rara, nerviosa.
-PASAJEROS DEL VUELO 5 CON DESTINO A LONDRES, ABORDAR POR LA PUERTA NÚMERO DOS- decía una voz por los parlantes, seguido de su traducción al inglés. Belén se despertó de un salto, mi amiga y su novio dejaron de hablar y mis padres se pararon y se nos quedaron mirando, empecé a temblar y a transpirar las manos. Belén estaba exactamente igual. Mis padres la saludan a ella primero mientras yo saludo a Carla y su novio, luego cambiamos. Mi mamá me dio un abrazo como si no nos llegáramos a ver nunca más, otra vez recordé esos días en el jardín, cuando el reloj tocaba las cinco de la tarde y esas puertas se abrían, dejándome correr a los brazos de mi mamá. Me largué a llorar junto a ella. Después llegó el abrazo con mi papá, que despedía a su única nena, me decía que me cuide, que no me drogue –siempre metiendo chistes en los momentos sentimentales él- que no haga nada raro y que los tenga al tanto. Llego a decirles a los dos que los amo mucho y vuelve a hablar la voz en el parlante.
-Último aviso, pasajeros del vuelo 5 con destino a Londres, abordar por la puerta número dos.
Ya había llegado el momento, teníamos que irnos, agarro las valijas y llegando a la puerta saludo con la mano a todos y cruzo. Ellos se quedaban adentro ya que había aire acondicionado y como estábamos en pleno verano, del otro lado de la puerta hacía un calor infernal. Subimos las escaleras que nos introducirían en el avión, acomodamos las valijas y nos sentamos, yo del lado de la ventana, como habíamos pactado. Serían dieciséis horas de viaje. Yo tenía bien cargada mi notebook y mi Blackberry, para poder conectarme a Twitter y facebook. Busco con la mirada a mis padres y mi amiga, pero no los encuentro, los vidrios del aeropuerto hacían que se viera todo borroso. El avión empezaba a hacer rodar sus rueditas, estábamos por despegar, horas antes había tomado una pastilla porque era propensa a tener vómitos en los viajes largos, y ésta me lo impediría. Belén ya se había dormido, estaba muy cansada.
Eran las tres y cuarenta de la mañana y estaban dando una película sumamente aburrida para mí ’13 going 30’, la despierto a mi amiga ya que a ella le encantaba esa película y uno de los actores, ella emocionada se queda mirando y yo aprovecho para encender mi notebook y conectarme en Twitter.
‘Hola! En el avión con @comprateunponi (Belén) rumbo a Londres, voy a llorar, no puedo creerlo, deséenme suerte!’ eso publiqué desde mi Twitter, y me llegaban menciones con envidia sana y deseos de suerte y éxitos. Ella seguía concentrada mirando esa película, le hablaba y no me contestaba, decidí dormirme.
Creo que me dormí alrededor de once horas, pero la azafata me despertó para darme el desayuno ya que no lo había tomado, café con leche con tres medialunas, Belén parecía que se había ido al baño, no estaba al lado mío. Empezaba la película ‘High School Musical 3’ me acordaba de los bailes, las coreografías, todo. Ahora faltaban solo tres horas para llegar a Londres. Íbamos por Paris, Francia, según el comentario que escuché de un pasajero sentado atrás mío. Cada vez más cerca, atino a agarrar el teléfono y mandarle un mensaje a mi mamá avisándole por donde nos encontrábamos, y también uno a mi prima de diez años, que uno de sus sueños era conocer Paris. También lo twitteo. Necesitaba comentárselo a todos. Eran las tres y media pasadas de la tarde, necesitábamos confirmar con la mujer que nos estaría alquilando el departamento justo en el centro de Londres, ella nos esperaría en el aeropuerto para guiarnos a lo que sería nuestro nuevo hogar, para poder firmar los papeles y hacer todo ese tramiterío que siempre detesté, pero al que Belén presta atención.
Me levanto para ir al baño, que por cierto era muuuuuuy chiquito, y cuando salgo me sirvo un vasito de agua para tomarme otra dosis de pastillas ya que no me estaba sintiendo muy bien. Las tomo y como tenían un efecto tranquilizante me volví a quedar dormida, Belén también aprovecho para dormir esas últimas horitas, porque queríamos salir a la noche a recorrer el centro y capaz salir a hacer sociales.
De pronto, siento un fuerte ruido, me despierto y corro las cortinas de las ventanas, el avión estaba aterrizando y ya estábamos en tierra. Mejor dicho, llegamos a Londres. Con mi amiga nos miramos y gritamos al unísono ‘LLEGAMOS!  AAAAAAAAAH’ y el hombre de atrás nos otorgó una mirada de pocos amigos, pero no nos importó mucho. Bajamos las valijas del maletero y descendimos por la escalera, tomando una gran bocanada de aire inglés. Nuestro sueño era una realidad. Tengo una llamada entrante, era Alice, la mujer de los departamentos, decía que estaba vestida con un pantalón negro y una camisa gris, y que tenía un cartel que decía ‘ARGENTINIAN GIRLS’. La pude encontrar, la pude distinguir fácilmente, ella nos saludó con un abrazo como si nos conociéramos de toda la vida, era muy simpática y parecía ser joven. Luego de salir del amontonamiento del Heathrow Airport nos subímos a su equipada camioneta y nos dirigimos a nuestra futura guarida. Cuando frenó, vimos una hermosa y tradicional casita inglesa, como en la que siempre me imaginé vivir. Bajamos con las maletas y ya estábamos a punto de entrar a firmar los papeles. El sueño recién empezaba.