jueves, 23 de febrero de 2012

Teenage dream, capítulo 1.

Hace un tiempo largo que vengo planeando esto, aproximadamente desde mis trece años donde empecé a interesarme en la cultura inglesa, sabía todo de allí, a mis padres ya les había comentado sobre que quería tener la mayoría de edad para irme a vivir a Londres, pero nunca me imaginé que podría llegar a hacerlo real, sólo pensaba que era un deseo de mi cabeza, una fantasía, nunca llegaría a imaginar que dejarían que su única hija se fuera a unos 11.087 kilómetros separados de ellos. Pero ellos siempre usaron la frase ‘si te hace feliz, hacelo’. Creo que por eso siempre fui media ‘rebelde’ y ‘malcriada’: tuve mi primer piercing a los trece y el tatuaje a los catorce, también con la forma de vestirme era rara ya que nunca me verías vestida como una chica de Buenos Aires que sale a bailar, yo siempre estaba vestida como se vestían las adolescentes inglesas, era diferente y me gustaba. Tengo un pequeño grupo de mejores amigas, con las que estamos unidas desde la escuela primaria, las cinco tenemos personalidades muy distintas, yo por ejemplo, soy la más tímida del grupo pero si hay algo en común que tengo con una de ellas, es un sueño, con Belén queremos conocer Londres. Pero ese sueño, estaba por dejar de serlo para ser una realidad. Las dos ya cumplimos 18 años y mañana viajamos a Inglaterra a concretar eso tan anhelado.
-¿Estás nerviosa? – me preguntó mi amiga mientras me ayudaba a hacer las valijas.
- No sé si nerviosa, estoy ansiosa, y te voy a extrañar mucho – le digo a Carla mientras se me llenan los ojos de lágrimas y ella tiende a darme un abrazo.
- Nos vamos a mantener comunicadas, vas a mandarme muchas fotos de ustedes dos y vas a mantenerme al tanto de las noticias, así no nos extrañamos tanto –dice consolándome con una sonrisa.
- Bueno, vos hacé lo mismo, igual voy a tratar de conectarme todos los días al Skype –le dije mientras cerraba el cierre de la última valija.
- ¿A qué hora sale el avión? –dice agarrando el pasaje que estaba clavado en el corcho de mi pieza – dos de la mañana, faltan cinco horas amiga, ¡qué emoción! – dice alegrándose por mí.
-Sí, ¿nos vas a acompañar al aeropuerto a despedirnos? –dije agarrando el celular para mandarle un mensaje a Belén.
- Obvio, voy a estar acá una hora antes de que salgan para Ezeiza –me dice y redirecciona su mirada a mi celular que sonaba tirado en la cama.
Era un mensaje de Belén que decía ‘ya encargué el remis para mañana. Doce y media nos pasa a buscar, estoy nerviosa’. Se me había puesto la piel de gallina, faltaban solo horas para poder subirnos a un avión y dirigirnos a un sueño. Me desplomé en la cama, mientras Carla salía al patio a hablar con su novio por teléfono para que la lleve mañana a despedirnos, me puse a pensar todo lo que había vivido en Buenos Aires mientras las lagrimas caían sobre mis mejillas.
-¡Bianca! ¡Bianca!, despertate que está por venir el remis –me gritaba mi mamá ya que me había quedado dormida, no había mejor despertador que ella prendiéndome la luz y llamándome con palmaditas en las piernas.
-Eh? –dije entredormida con la luz que apuntaba a mi cabeza- ¿ya son las doce?- pregunté.
-Sí, te quedaste dormida, se ve que estabas cansada, y no quise despertarte –me dice mientras acomoda el saco que iba a llevarme al avión.
-Uh, bueno, me voy a lavar la cara –dije mientras me levantaba y sonaba el timbre que avisaba que había llegado Belén- che mami, te amo –le dije antes de que se vaya a atender la puerta y me sonrió diciéndome que ella también.
Una y cuarenta de la madrugada, estábamos en el Aeropuerto de Ezeiza esperando que en veinte minutos llegue el avión, me comía las uñas, mi papá y Belén se dormían sentados, mi mamá miraba la vidriera del FreeShop y Carla con su novio hablaban en secreto, me sentía rara, nerviosa.
-PASAJEROS DEL VUELO 5 CON DESTINO A LONDRES, ABORDAR POR LA PUERTA NÚMERO DOS- decía una voz por los parlantes, seguido de su traducción al inglés. Belén se despertó de un salto, mi amiga y su novio dejaron de hablar y mis padres se pararon y se nos quedaron mirando, empecé a temblar y a transpirar las manos. Belén estaba exactamente igual. Mis padres la saludan a ella primero mientras yo saludo a Carla y su novio, luego cambiamos. Mi mamá me dio un abrazo como si no nos llegáramos a ver nunca más, otra vez recordé esos días en el jardín, cuando el reloj tocaba las cinco de la tarde y esas puertas se abrían, dejándome correr a los brazos de mi mamá. Me largué a llorar junto a ella. Después llegó el abrazo con mi papá, que despedía a su única nena, me decía que me cuide, que no me drogue –siempre metiendo chistes en los momentos sentimentales él- que no haga nada raro y que los tenga al tanto. Llego a decirles a los dos que los amo mucho y vuelve a hablar la voz en el parlante.
-Último aviso, pasajeros del vuelo 5 con destino a Londres, abordar por la puerta número dos.
Ya había llegado el momento, teníamos que irnos, agarro las valijas y llegando a la puerta saludo con la mano a todos y cruzo. Ellos se quedaban adentro ya que había aire acondicionado y como estábamos en pleno verano, del otro lado de la puerta hacía un calor infernal. Subimos las escaleras que nos introducirían en el avión, acomodamos las valijas y nos sentamos, yo del lado de la ventana, como habíamos pactado. Serían dieciséis horas de viaje. Yo tenía bien cargada mi notebook y mi Blackberry, para poder conectarme a Twitter y facebook. Busco con la mirada a mis padres y mi amiga, pero no los encuentro, los vidrios del aeropuerto hacían que se viera todo borroso. El avión empezaba a hacer rodar sus rueditas, estábamos por despegar, horas antes había tomado una pastilla porque era propensa a tener vómitos en los viajes largos, y ésta me lo impediría. Belén ya se había dormido, estaba muy cansada.
Eran las tres y cuarenta de la mañana y estaban dando una película sumamente aburrida para mí ’13 going 30’, la despierto a mi amiga ya que a ella le encantaba esa película y uno de los actores, ella emocionada se queda mirando y yo aprovecho para encender mi notebook y conectarme en Twitter.
‘Hola! En el avión con @comprateunponi (Belén) rumbo a Londres, voy a llorar, no puedo creerlo, deséenme suerte!’ eso publiqué desde mi Twitter, y me llegaban menciones con envidia sana y deseos de suerte y éxitos. Ella seguía concentrada mirando esa película, le hablaba y no me contestaba, decidí dormirme.
Creo que me dormí alrededor de once horas, pero la azafata me despertó para darme el desayuno ya que no lo había tomado, café con leche con tres medialunas, Belén parecía que se había ido al baño, no estaba al lado mío. Empezaba la película ‘High School Musical 3’ me acordaba de los bailes, las coreografías, todo. Ahora faltaban solo tres horas para llegar a Londres. Íbamos por Paris, Francia, según el comentario que escuché de un pasajero sentado atrás mío. Cada vez más cerca, atino a agarrar el teléfono y mandarle un mensaje a mi mamá avisándole por donde nos encontrábamos, y también uno a mi prima de diez años, que uno de sus sueños era conocer Paris. También lo twitteo. Necesitaba comentárselo a todos. Eran las tres y media pasadas de la tarde, necesitábamos confirmar con la mujer que nos estaría alquilando el departamento justo en el centro de Londres, ella nos esperaría en el aeropuerto para guiarnos a lo que sería nuestro nuevo hogar, para poder firmar los papeles y hacer todo ese tramiterío que siempre detesté, pero al que Belén presta atención.
Me levanto para ir al baño, que por cierto era muuuuuuy chiquito, y cuando salgo me sirvo un vasito de agua para tomarme otra dosis de pastillas ya que no me estaba sintiendo muy bien. Las tomo y como tenían un efecto tranquilizante me volví a quedar dormida, Belén también aprovecho para dormir esas últimas horitas, porque queríamos salir a la noche a recorrer el centro y capaz salir a hacer sociales.
De pronto, siento un fuerte ruido, me despierto y corro las cortinas de las ventanas, el avión estaba aterrizando y ya estábamos en tierra. Mejor dicho, llegamos a Londres. Con mi amiga nos miramos y gritamos al unísono ‘LLEGAMOS!  AAAAAAAAAH’ y el hombre de atrás nos otorgó una mirada de pocos amigos, pero no nos importó mucho. Bajamos las valijas del maletero y descendimos por la escalera, tomando una gran bocanada de aire inglés. Nuestro sueño era una realidad. Tengo una llamada entrante, era Alice, la mujer de los departamentos, decía que estaba vestida con un pantalón negro y una camisa gris, y que tenía un cartel que decía ‘ARGENTINIAN GIRLS’. La pude encontrar, la pude distinguir fácilmente, ella nos saludó con un abrazo como si nos conociéramos de toda la vida, era muy simpática y parecía ser joven. Luego de salir del amontonamiento del Heathrow Airport nos subímos a su equipada camioneta y nos dirigimos a nuestra futura guarida. Cuando frenó, vimos una hermosa y tradicional casita inglesa, como en la que siempre me imaginé vivir. Bajamos con las maletas y ya estábamos a punto de entrar a firmar los papeles. El sueño recién empezaba.

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